IV




Es que se acercan esos tiempos de heladas, de piel erizada, dientes apretados, vapor de la boca.
Vienen y este lugar no tiene con que responderle al chiflete que asoma bajo una puerta o entre las visagras.

Devuelvanle el gas al Borda,
 y no lo cierren.

III

[Quena escondida]

Éramos dos cuando me detuve entre las vueltas de los bailes y la fiesta, efímero encuentro.

Andreas Feininger, el periodismo artístico y el unico lenguaje inteligible por todos



Aparece en todos los libros de referencia de fotografía; con frecuencia se habla de él como un pionero de la foto periodística moderna, un magnífico fotógrafo, una figura clásica de la historia de la fotografía, una leyenda de la fotografía. Junto a Ansel Adams, Bill Brandt, Alfred Eisenstaedt, André Kertész y Jacques-Henri Lartigue, Andreas Feininger fue incluido entre los seis mejores fotógrafos del mundo en una entrevista para la BBC que dirigió Peter Adam en 1983.
El pintor alemán Georg Baselitz dijo en una ocasión que con frecuencia pensaba que las mejores fotografías no necesitaban en absoluto del color. Esta podría ser una explicación simple de por qué el trabajo en blanco y negro, austero y esculturalmente lineal de Feininger no sólo se hizo famoso en el mundo entero sino que incluso pasó a los anales de la historia de la fotografía.
Feininger se consideraba a sí mismo un artesano que contemplaba su arte como la suma de sus talentos. La cámara, que a menudo comparaba con la máquina de escribir de un escritor, era su herramienta. La utilizó para combatir ‒obstinadamente, casi obsesivamente‒ el predominio de la fealdad.
Feininger no fue un fotógrafo aventurero como Robert Capa, ni tampoco un observador como  Henri Cartier-Bresson, que prefería esperar el “momento decisivo” ‒el punto en el que una situación se vuelve incluso surreal. Fue un explorador que permaneció fiel a los postulados tradicionales de la belleza.
Es fácil entender su cosmos fotográfico. A lo largo de su vida le fascinaron dos áreas temáticas, que, como él solía decir, le hablaban. Una de ellas era la vida urbana del siglo XX: le atraían sus utopías, no sus conflictos. La otra eran las formas naturales, aunque Feininger no deseaba únicamente documentarlas: se interesaba por su geometría, ornamentación y aspecto monumental.
(Del ensayo de Thomas Buchsteiner, El lenguaje de la imagen: “Lo que ves es lo que hay”, en el catálogo)